sábado, 26 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
Cómo caer en la elegancia
Escrito por LuchaLibro.cl en diciembre de 2009 y leída en Radio Uno por Juan Carlos Ramírez:
Las crónicas periodísticas son mucho más que ir al lugar de la noticia y contar lo que pasó en primera persona. O descasetear y creerse objetivo por eso. Más bien es un ejercicio donde la contingencia permite la confesión y a la vez el involucramiento del lector. Eso se hace poco. Es más fácil practicar el ombliguismo, esa molesta “primera persona ganadora” donde el cronista se proyecta como un ser intelectualmente poderoso. Gonzalo León, o más bien “León” explora lo peor del Chile post-Pinochet en esta compilación de artículos enriquecidos con el making of, es decir el entorno en el que preparó estas piezas periodísticas. Así, no sólo nos enteramos del concurso Mister Gay, los punk antisistémicos que le toman fotos al pobre Álvaro Hoppe o cómo son las reuniones de los viejos pinochetistas, sino que también vamos conociendo las pellejerías de “León” en la calle Mosqueto, cuando lo molestaban en el colegio o sus problemas con la chica trotskista. Capítulos como “Las cosas este año no se ven bien” o “Libros, literatura o demagogia” son reveladores de un personaje que asume su decadencia, mientras el resto de los cronistas intentan demostrar lo inteligentes que son. León es un lector de primera línea (su recurso de parafrasear autores antes de explayarse, nunca llega a molestar) y por ende sabe como caer con dignidad, aunque ni él se de cuenta. De hecho en LuchaLibro lo encontramos más parecido a Chuck Klosterman que al Bukowski que varios críticos insisten en comparar. “En Chile, desconozco la realidad laboral de otros países, el jefe o empleador espera que el trabajador o subalterno lo cornetee de vez en cuando. Lo extraño de esta situación es que rara vez el trabajador o subalterno reclama, porque sabe que debajo suyo siempre hay alguien, institucionalizando de esta forma el corneteo. En un medio de comunicación, por ejemplo, el director espera que todo el mundo lo corneteé, los editores esperan lo propio de los periodistas, los periodistas de los estudiantes en práctica y los estudiantes en práctica de los simples estudiantes de periodismo”, reflexiona en “Política, el arte del corneteo”, con epígrafe de Coetzee: “Nacemos súbditos”.
Las crónicas periodísticas son mucho más que ir al lugar de la noticia y contar lo que pasó en primera persona. O descasetear y creerse objetivo por eso. Más bien es un ejercicio donde la contingencia permite la confesión y a la vez el involucramiento del lector. Eso se hace poco. Es más fácil practicar el ombliguismo, esa molesta “primera persona ganadora” donde el cronista se proyecta como un ser intelectualmente poderoso. Gonzalo León, o más bien “León” explora lo peor del Chile post-Pinochet en esta compilación de artículos enriquecidos con el making of, es decir el entorno en el que preparó estas piezas periodísticas. Así, no sólo nos enteramos del concurso Mister Gay, los punk antisistémicos que le toman fotos al pobre Álvaro Hoppe o cómo son las reuniones de los viejos pinochetistas, sino que también vamos conociendo las pellejerías de “León” en la calle Mosqueto, cuando lo molestaban en el colegio o sus problemas con la chica trotskista. Capítulos como “Las cosas este año no se ven bien” o “Libros, literatura o demagogia” son reveladores de un personaje que asume su decadencia, mientras el resto de los cronistas intentan demostrar lo inteligentes que son. León es un lector de primera línea (su recurso de parafrasear autores antes de explayarse, nunca llega a molestar) y por ende sabe como caer con dignidad, aunque ni él se de cuenta. De hecho en LuchaLibro lo encontramos más parecido a Chuck Klosterman que al Bukowski que varios críticos insisten en comparar. “En Chile, desconozco la realidad laboral de otros países, el jefe o empleador espera que el trabajador o subalterno lo cornetee de vez en cuando. Lo extraño de esta situación es que rara vez el trabajador o subalterno reclama, porque sabe que debajo suyo siempre hay alguien, institucionalizando de esta forma el corneteo. En un medio de comunicación, por ejemplo, el director espera que todo el mundo lo corneteé, los editores esperan lo propio de los periodistas, los periodistas de los estudiantes en práctica y los estudiantes en práctica de los simples estudiantes de periodismo”, reflexiona en “Política, el arte del corneteo”, con epígrafe de Coetzee: “Nacemos súbditos”.
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