jueves, 5 de noviembre de 2009

Mamita linda

Publicado por Artemio Echegoyen en La Nación del 6 de noviembre de 2009

Suena a paráfrasis del inicio de “El extranjero”, de Albert Camus: “Mi madre ha muerto y con esto debiera bastar”, escribe el cronista Gonzalo León (1968) en “Lápida”, pieza final de “La puta que me parió”, conjunto de textos que, según J. L. Urbina, mezclan “la observación antropológica y la mirada subjetiva”. Reflexionando sobre el estado de su madre (que aún vivía) y el suyo propio, León se concentra en el vocablo “crítico”, como adjetivo y como sustantivo. Emerge la “crisis” como fuente de casi todo. También nombra al crítico Marks en plena crisis: no será de buen gusto lo que dice, pero León es así, las larga y tan campante. Luego hará lo mismo consigo mismo. Hasta su mamá misma estaba cabreada con sus críticas. Es suelto de pluma. ¿Es amoral?

Acompañado del fotógrafo Álvaro Hoppe, León emprende sus excursiones socioculturales. Ya no es católico, pero estudia la confesión desde la observación participante, empezando con el cura John O’Reilly, sospechoso de cuicofilia. “El aborto es lo más normal del mundo”, responde el sacerdote cuando el cronista “confiesa” que lo hizo con su señora. Sigue un elogio del matrimonio religioso como solución a los pecados positivos y negativos de la carne. En otro texto -“Política, el arte del corneteo”- describe la tendencia chilena a hacer la pata, cornetear, o sorbelamer (puede ser simbólico) el falo-poder de los superiores. El gran héroe chileno es Espinita. El vocablo tiene sentido, medita León, “si consideramos (…) que chupar pico es algo indigno o humillante”.

En un momento declara: “Hace poco cumplí cuarenta años y me siento viejo, acabado y al borde de la muerte”. Penetra en un asilo de ancianos con el propósito de integrar su nómina de inquilinos. Hoppe va de apoderado. La funcionaria Jocelyn se escandaliza: “Por ningún motivo alguien de cuarenta años puede ser ingresado en la fundación”. Hoppe pregunta si hay excepciones. “Bueno”, dice la mujer, “si estuviera a punto de cumplir los sesenta y cinco años, desde luego que sí”. Extraña aritmética, pero igual no es cierto eso de que veinte años no es nada.

Hablando de escritores chilenos muertos no hace tanto, León se pregunta qué tienen en común Claudio Giaconi, Gonzalo Millán y Roberto Bolaño, aparte de sus largos destierros: “No hicieron mucho para cambiar sus finales”. Giaconi se operó la pierna pese a los riesgos, Millán fumaba como “carretonero” y Bolaño “jamás empleó sus influencias” para obtener un hígado bueno. Y ahí están ahora, acompañando a la mamá del autor, que no sabe con cuál empezar.

LA PUTA QUE ME PARIÓ
Crónicas
Gonzalo León
Lom, 2009, 173 páginas

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